lunes, 21 de enero de 2013

Nacimiento


Me urge que sea noche
Se me están saliendo  las alas de los omóplatos y no sé que hacer ¿qué hago?
¿qué hago? No sé que hacer.

sábado, 19 de enero de 2013

Deseo


Vivir encantada ente árboles, saltarlos y que me posean.
Llorar si llueve; transformarme en diosa y sonreír a toda tormenta eléctrica.
Morir divinamente, mejor cuando te vas, así no ves y no opinas.
Alejarme de todas las cabezas sin sol ni libertad.
Verme siempre mojada, goteando; con ojos líquidos veo tan nítido el laberinto tan plácido y confuso. Delicioso.
Podría lamerte, pero prefiero que no estés.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Sentada


 Sentada en su silla transparente, desnuda y sola en el jardín de su casa, deja que el agua de lluvia la colme.
Es un diluvio; ella, como hipnotizada, los ojos en algún punto... apenas parpadean, no hay seguridad en que tenga pensamientos. Simplemente está.
El cabello rubio oscuro pegado a su cabeza, cara, hombros, espalda…sobre los apoyabrazos los suyos con las palmas abiertas hacia el cielo; la espalda apenas curva y el vientre liso colmado de cristales líquidos que parecen vivos.
No parece una señorita; más bien un cuerpo esperando por un exorcismo.
La gata gris, su gárgola, la observa cómodamente tras el vidrio de la ventana, quizá sea algo habitual, quizá no; es entre ellas.

viernes, 5 de octubre de 2012

Pensaba que quizás...


Pensaba que quizá, tal vez, por alguna razón misteriosa y oscura, querrías estar conmigo.
Yo te diría que no y vos  insistirías.
En el mejor de los casos, nunca insistís, das por perdido todo al instante, al segundo de atravesarte.
Yo siempre te reemplazo; a vos y a los demás. Y al final, nunca siento calor.
Yo tomo, tomo todo lo que puedo tragar  para acordarme que existís, que alguien más existe. Y te reemplazo. Constantemente.

martes, 26 de junio de 2012

Instante


-Un hilo de campanas- dice la mujer verde y se caen las muñecas de los estantes. Nada más doloroso que el abandono y rompe en llanto.
Las campanas se muerden entre ellas, lejos, tan lejos que apenas se perciben en aullidos cristalinos. Y es un lio, tanto ir como venir.
Un par de cuestiones sin sentido me acosan y me quedo parada, esperando. La mujer verde se saca el lipstick verde con una pasada de mano y  pide que me deje morder. Yo me dejo.
 Podría  caer en una pequeña demencia, sólo por un día.
Entonces le hablo rápido: soy alguien que no sabe bien, que apenas entiende  y que quiere ser besada, devorada y devuelta. Apenas respiro y los ojos cambian de color y eso hace que me estalle de dolor la cabeza. No deberían cambiar tan rápido. Algo pasa.
Y  el hilo de campanas parece volver, acercarse y me recorre un escalofrío: estoy aterrorizada.
Corro pero no avanzo y esto es una pesadilla. La mujer verde titila en mis pensamientos como una luz estroboscópica … por favor que me maten, AHORA MISMO!.
Al borde de una escalera, dudo. Tengo que subirla, escalarla; los escalones se hunden, me hunden y no puedo parar de llorar y algo me pesa en los brazos y deduzco que está vivo cuando une su llanto al mio.




sábado, 16 de junio de 2012

Cuestión


El ojo aún titila, es fácil distinguir la vida. El destino interior, ah...
Una vocecita me susurra, me rindo, no tengo fuerzas ni para explicar ni para correr... y la vocecita…
Una mujer de perfil perfecto  me dice algo que no logro entender pero le sonrio porque me gusta y se va. 
Quisiera que alguien me encuentre pero no hay nadie.  Una especie de muerte me alcanza, salgo al frío y revivo lo suficiente como para ver que hay otros; muero de nuevo y no quiero volver de esto, me justifica..
La mujer de perfil perfecto reaparece pero me despista porque de  frente no es perfecta: tiene sólo un ojo y todo lo que piensa  se ve en él. Me asusta pero me quedo…
Veo dedos transparentes y me pregunto en dónde estoy.

viernes, 8 de junio de 2012

Uno


Hubo alguien.
El me encontró y me descifró: amanecíamos juntos.
Fue tan real, que de algún modo todo lo demás colapsó. Él en mi: una visión descalza.
 No es fácil despertar, ver como el movimiento lo invade todo en una sucesión de rayos desesperados. Uno va cultivando agonias pero no se dá cuenta hasta, que, digamos, se destacan algunas cuestiones. El despertar como momento siniestro, de claridad descontrolada.
Quizá me lo imaginé todo; a veces me queda ese pequeño perdón.